En el mundo del tiro con arco, la precisión es un arte que se cultiva con paciencia y determinación. No se nace con un arco en la mano; a veces, la inspiración llega a través de una pantalla viendo los Juegos Olímpicos o jugando un videojuego, y la oportunidad se materializa en las puertas de una universidad. Esta es la historia de Fernando, Uriel y Noé, un trío de arqueros de la BUAP que transformó la derrota en aprendizaje y forjó un camino directo al podio nacional.
La chispa que encendió su pasión por este deporte olímpico surgió de lejos. Para Fernando Castellano Lara, de 22 años, la imagen fue clara: “Desde que ves las Olimpiadas y ves a los arqueros con esa precisión… como jóvenes quisiéramos poder hacerlo un día”. Esa semilla también germinó en Uriel Hernández Huerta, de 24 años, quien creció viendo películas y series, y en Leonardo Noé Pérez Martínez, el más joven del equipo con 19 años, quien encontró la inspiración en los videojuegos. La BUAP fue el catalizador que convirtió su admiración en realidad.
Aunque comparten una meta común, cada uno sigue su propia flecha en el ámbito académico. Fernando cursa el octavo semestre de Derecho, Uriel acaba de terminar Ingeniería Mecatrónica y Noé avanza en su tercer semestre de Contaduría Pública. Compaginar la exigencia de sus carreras con los entrenamientos no es tarea fácil. “Es todo un reto para un estudiante ser selectivo universitario. Es un sacrificio, pero vale la pena porque es algo que te apasiona”, confiesa Fernando. La clave, coinciden, ha sido el apoyo institucional -permisos especiales para ajustar sus horarios de clase- y una férrea organización personal.
